Trasplante de córnea en Honduras cambió su vida
Bersabé Valeriano nunca imaginó que un trasplante de córnea en Honduras cambiaría su vida para siempre.
A sus 36 años, esta ama de casa originaria de Belén Gualcho, Ocotepeque, había aprendido a vivir entre la incertidumbre. Madre de dos hijas adolescentes y residente de una comunidad remota ubicada a cuatro horas de Santa Rosa de Copán, enfrentaba una enfermedad renal mientras veía cómo la oscuridad se apoderaba poco a poco de su mundo.
Una perforación en la córnea de su ojo derecho la dejó sin visión. Lo que más le dolía no era depender de otros, sino no poder cuidar de sus hijas como siempre lo había hecho.
“Mis hijas pasaban preocupadas cuando me miraban ciega”, recuerda.
Un trasplante de córnea en Honduras le devolvió la esperanza
Aunque un trasplante de córnea era la única alternativa para recuperar la vista, el procedimiento parecía inalcanzable. Para una familia de recursos limitados, las posibilidades de acceder a una cirugía oftalmológica tan especializada eran prácticamente inexistentes.
Pero la esperanza llegó cuando menos lo esperaba.
Bersabé, paciente del programa de oftalmología de Fundación CAMO, recibió una llamada inesperada. Al otro lado de la línea le informaron que al día siguiente sería operada. Especialistas de la Universidad de California, San Francisco, la Dra. Julie Schallhorn y el Dr. Jay Stewart, habían viajado a Honduras con córneas donadas desde Estados Unidos para ofrecer una nueva oportunidad a pacientes con necesidad urgente.
Junto al equipo voluntario del Centro Oftalmológico Robles, liderado por la Dra. Laura Ponce, hicieron posible este trasplante de córnea en Honduras, una cirugía que para Bersabé representó un verdadero milagro.
Recuperar la vista cambió su vida
Un año después del trasplante, su voz todavía se quiebra al recordar aquel momento.
“Le pedí mucho a Dios. Por años le pedí este milagro, y hoy miro bien. No miraba nada; todo era negro para mí. Ahora, entre más pasan los días, miro mejor.”
Hoy vuelve a caminar sola, asiste sin miedo a sus citas médicas y ha recuperado una independencia que creía perdida.
“Antes no salía. Me daba miedo que me atropellara un carro. Ahora voy sola y tengo independencia; me siento feliz.”
Para Bersabé, recuperar la visión significó mucho más que volver a ver. Significó volver a abrazar el futuro con esperanza, mirar a sus hijas con tranquilidad y demostrar que el acceso a la salud visual puede transformar vidas.