Carlitos Caballero, una historia de perseverancia y lucha
A los 9 años, cuando se preparaba para ir a la escuela, Carlos Manuel Caballero sufrió su primera convulsión. Ese episodio marcó el inicio de una batalla que lo acompañaría toda su vida: la epilepsia.
Carlitos, como lo llaman con cariño, nació sano en el Hospital de Occidente. Todo parecía normal hasta que comenzaron las crisis. La mamá de Carlos, doña Idalia, madre de 12 hijos, no tenía los recursos para darle atención médica, pero en CAMO encontró la esperanza y un refugio que jamás los ha abandonado.
La Fundación lo acompañó desde las consultas primarias hasta los traslados a San Pedro Sula, donde se le realizaron exámenes especializados. Fue así como se le detectó un tumor cerebral que, gracias al programa de neurocirugía de CAMO y el Hospital de Occidente, pudo ser extirpado. Esa cirugía le devolvió la esperanza y la oportunidad de seguir adelante.
Han pasado casi 10 años desde aquel momento difícil de su vida. Carlitos sigue siendo paciente del programa de neurología, único en el occidente del país que atiende a personas de escasos recursos. Durante muchos años recibió gratuitamente sus medicamentos gracias a CAMO, y hoy los obtiene en el Hospital de Occidente. Aunque la epilepsia aún es un desafío, Carlitos no se rinde.
Perseverancia que inspira
Cada día recorre 27 kilómetros desde su comunidad, El Níspero en Cucuyagua, hasta Santa Rosa de Copán. Con esfuerzo y entusiasmo, vende piña rebanada en bolsas para ayudar a su familia. “Antes vendía 5 bolsas, ahora vendo entre 100 y 120”, contó con orgullo. Su madre también trabaja como vendedora ambulante y, juntos, enfrentan la vida con dignidad y valentía.
Carlitos conserva aún los peluches que recibió de CAMO hace años, símbolos del cariño y el apoyo que CAMO y sus colaboradores han dejado en su vida.
Hoy, sueña con trabajar en la Fundación, para brindar a otros la misma ayuda que lo sostuvo a él durante gran parte de su vida.
De la primera vez a la más reciente: Carlos Caballero junto a su madre Idalia, unidos por los años y las memorias de cada visita a CAMO.